jueves, 14 de enero de 2010

Siguiendo al pequeño hombrecito


Siguiendo al pequeño hombrecito
Por Helder Vera




Qué tal pequeño hombrecito, ¿te habías olvidado de mi? He leído tus artículos, y he oído hablar de todos tus escritos, de cómo te la pasas horas tras la computadora escribiendo libros que serán best-sellers y te veo como te sientes orgulloso de ti. Defiendes tus posturas ideológicas desde “tus teorías inventadas” o simplemente “ciencia ficción personal”. Dices muchas palabras como si fueras un experto sobre todos los temas. Pero cuando te pregunto si reconoces los sentimientos de tu pareja, si recuerdas todas las cosas que hizo por ayudarte para que lograras llegar al sitio que ahora ocupas, o si recuerdas los pequeños detalles de la gente que te ayudó a levantarte desinteresadamente cuando caías en el camino. Si eres capaz de “sentir”, me respondes con ideas y palabras totalmente abstractas.

Haces creer a la gente que tus teorías son las mejores, diferentes o complementarías a otras, incuso que eres capas de cambiar toda una tradición ancestral,¡mentiras! Lo único que quieres es obtener el beneficio de otros pequeños hombrecitos como tú, para que te aplaudan y te digan que tú eres el mejor, que eres como un padre para ellos, mientras te escuchan dándoles su dosis de conferencias, donde presumes lo que has “aprendido a pensar y ¿creer?”, mientras que ellos dirán que eres un hombre libre, y con la boca abierta dirán “quiero ser como él”. ¿Te has dado cuenta de ello pequeño hombrecito? Sólo buscas ensanchar tu diminuto ego, para comprarte autos, tener capillitas, oratorios, spas, y centros de desarrollo y viajar por el mundo haciendo que otros pequeños de igual denominación te admiren.

Compras mil libros y te sientes contento con tu pequeña biblioteca fetichista, que sólo es tuya y la utilizas como objeto de exhibición, pero ¿acaso recuerdas el título del libro que leíste y que te hizo comprender tu pequeñez? Dime si acaso lo recuerdas pequeño hombrecito, entonces ¿crees que valga la pena tener tus libros estancados que nadie entenderá?

Y qué me dices de la gente que más íntimamente te ha conocido, desnudo como yo te conocí, no de vestimenta, sino del alma. Gente que te ha descubierto, a los que alejaste y huiste de ellos, como gacela que está a punto de ser devorada por una leona. Acaso recuerdas a todos aquellos pequeños hombrecitos iguales a ti, que te apoyaron y luego empezaste a cuestionar y preferiste ponerte detrás de una mujercita para que te defendiera, a quien no fuiste capaz de defender cuando la atacaste, al sentirte entre la espada y la pared, al no dignarte a aceptar que todo lo que osas predicar. Miedo innato de la humanidad, la ¡plaga emocional!, si te sientes desprotegido, atacas a la yugular. Incapaz de aceptar que no existe nada nuevo bajo el sol, ¡eres un plagiario pequeño hombrecito!

Te robaste las ideas de unos cuantos intelectuales, queriéndolas vender como nuevas, y haces que los demás se lo crean, sólo que le inventaste un nuevo nombre y ya está. Todo lo quieres explicar por medio de rígidas estructuras sistematizadas y le dices a la gente lo que quiere escuchar, hasta que quedas satisfecho de convencerlos de que se traguen tus ilusiones, lo que querías. Dime si ya estas contento, pequeño hombrecito. Dime si estás feliz de ver cómo va la gente por la calle diciendo “necesitamos seguridad” en vez de sentirse libre de andar por las calles sin miedo a ser asaltado o secuestrado. No entiendes nada pequeño hombrecito.

Promulgas mis ideas, pero no haces nada por practicar lo que predicas. Temes enfrentar a un ser vivo, “libre” como lo fuiste tu mismo, pero has perdido esa espontaneidad. Te da miedo y rabia contra ese otro igual de pequeño como tú, escribiendo comunicados te dedicas a hacer campañas de excomunión, lo pones como saco de patatas para que la gente lo golpee y te quieran y te admiren más a ti, por mantener tu imagen sobre los demás. Luchas por que te siga un montón de pequeños hombrecitos domesticados como tú. No te has dado cuenta de que estas tan lleno de miedo y has creado todo un ejercito de gente que se encarga de cuidarte y seducirte, ese es un buen trabajo, ya has de sentirte orgulloso.

No quiero escucharte más decir que odias a los políticos, pues has pasado a ser un pequeño hombrecito politizado, razón por la cual creas comunidades, instituciones y asociaciones lucrativas. No eres más que una calamidad pequeño y vulgar evasor de impuestos. Haces creer que das donativos, pero apoyas siempre en tu beneficio y mandas llamar a la prensa para que publiquen lo bueno que eres, pero no afrontas que has maltratado a tu mujer y a tus hijos. Te pones a beber como loco cuando te das cuenta de lo pequeño que eres.

Encasillas a la gente en conceptos, los clasificas en estructuras distorsionadas, diciendo lo que debería ser “normal”. ¿Acaso no te das cuenta de que, lo que menos necesitan son más etiquetas?, ya no sigas tratando de hablar de libertad y autorregulación, tus intentos son en vano si no los experimentas. Saturas a la gente con un montón de lecturas que ni tu mismo entiendes de un montón de teóricos que usan un lenguaje obtusamente técnico. Pequeños teóricos que se han dedicado a defender su elitismo como el mal imitador que eres tú.

Tal vez no te des cuenta de que no vale la pena todo eso si no se les habla a las masas con sencillas palabras y no llamas a las cosas por su nombre, y menos vale si no se hace desde el corazón. Pero cómo vas a tener un poco de humildad, eso te da pavor. No te habla alguien extraño, es simplemente un pequeño hombrecito como lo eres tú, tal vez tampoco nadie entienda lo que trato de decir con estas sencillas palabras, sólo quiero expresarte mi inconformidad, a ti que eres promulgador de la fe y la manipulas en religión o en nombre de una tradición que ni tú entiendes y que enredas en tus propias ideas cerradas y minúsculas como son tus pensamientos.

Quisiera hacerte creer que estas bien, pero agradezco no pertenecer a tu gremio, ni comulgar con tus ideas, nunca podré aceptar tus invitaciones a pertenecer a tus círculos de amigos, de fanáticos seguidores, así que no puedo callar, prefiero decirte lo que a lo largo de la historia se ha repetido una y otra vez por hombrecitos como tú, que desean poner un granito de arena al cambio de consciencia de la humanidad, pero deja que te diga algo, con pequeños hombrecitos como tú, no se va a lograr. Los grandes lo logran con sencillez y humildad, me remito a aquellos que son poco conocidos, que no escriben libros, ni hablan ante las masas. Me refiero a seres libres, seres de luz, aquellos que van por el mundo en su búsqueda, pero más valen aquellos que siguen su ruta interior, cosa contraria a lo que muchos hacemos, como tú… o como yo.
Valencia 2003

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